Turismo de cercanías “La Llanura del Po”

por | Oct 19, 2022 | Sociedad

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Para comenzar esta serie de artículos sobre paisajes interesantes que podemos disfrutar sin necesidad de realizar un largo desplazamiento, los paisajes que tenemos a tiro de piedra, se podría decir, he elegido la huerta de Villena, un paraje que presenta sin duda interés estético además del interés económico basado en la explotación agrícola del terreno. Este espacio es en algo comparable a la llanura que, en el norte de Italia, recorre el río Po porque también aquí, en la huerta villenera, la superficie es completamente lisa, horizontal, una tabla, porque se extiende la agricultura de regadío con su multitud de canales, de zanjas, de acequias, y porque, por último, ambos espacios aparecen atravesados por un río –aunque está claro que el río Vinalopó no se muestra a la altura del río italiano en cuanto a tamaño–. Destaca también este trozo de campo alicantino porque, por en medio del verde de los bancales en plena producción, se intercalan bosquecillos, grupos aislados y graciosamente distribuidos de árboles, de pinos, de olmos, con algún ejemplar también de otras especies menos comunes en la comunidad valenciana. Esta huerta presenta además la cualidad de que es un paraje fácil de recorrer porque un camino asfaltado lo cruza a partir, más o menos, de la estación del AVE y hasta la población de Villena. A veces, dicho camino discurre por en medio de uno de estos bosquecillos de olmos, y, entonces, la fronda densa de las hojas provoca la repentina oscuridad y es como si nos hubiéramos metido de pronto en un túnel. El verde oscuro de las hojas del olmo, el verde más claro y alegre de los cultivos de hortalizas y también el verde sucio de polvo de algún bancal abandonado donde crece el matorral destacan a uno y otro lado del camino durante cuatro o cinco kilómetros. Son los conejos la especie de animal silvestre que presenta mayor población, junto a la polla de agua o gallineta, que se mueve exclusivamente entre las cañas del cauce del río y en las zanjas que conservan un fondo de agua más o menos corriente. Otro elemento de interés es que, a lo lejos y en dirección a Villena, vamos viendo todo el rato la elegante silueta del castillo de la Atalaya.

Se trata de un paraje humilde, es cierto, pero también puede hacernos disfrutar de algunas de las impresiones que recibimos los turistas cuando discurrimos por lejanos y exóticos países, por los fiordos noruegos o por la sabana del continente africano; se trata de las mismas impresiones aunque algo menos evidentes, algo menos definidas o rotundas. Y esto es así porque, por los alrededores de nuestra localidad, no viajamos posiblemente con un estado mental tan receptivo, tan atento y entusiasta como cuando nos dirigimos al encuentro de las pirámides de la ciudad del El Cairo, en Egipto, o al encuentro del Tal Mahal en la India. Es una realidad que estos recorridos más cortos, a una decena de kilómetros como mucho de donde vivimos y que atraviesan espacios menos importantes, pueden también impresionarnos, aunque sea de una forma menos honda, menos intensa; pueden producirnos una impresión más suave pero que presenta, en definitiva, la misma naturaleza que el turismo a lo grande. Y hasta puede surgir la sorpresa en el viajero, la aparición repentina y deslumbrante a la vuelta del recodo de un camino que creemos de sobra conocido, esa sorpresa que es elemento imprescindible en todo tipo de desplazamiento turístico.

Este paraje en concreto, el de la huerta de Villena, presenta una panorámica muy particular, y por tanto, sorprendente, pues la llanura está situada en una comarca y en una provincia especialmente irregulares en cuanto al relieve, con una superficie que aparece recorrida en general por infinidad de barrancos, de lomas y de altas sierras.   Otra particularidad que nos puede sorprender la constituye el hecho de que se acumulen las curvas y las contracurvas a pesar de la ausencia de obstáculos naturales, de irregularidades orográficas. El camino asfaltado ya descrito presenta, sin aparente razón de ser, un zigzagueo constante, una sucesión permanente de curvas y de contracurvas que rompen la geometría rectangular de los bancales y que llaman la atención por resultar inesperadas sobre una superficie tan lisa. El orden rigurosamente rectangular de las parcelas resulta atravesado de un extremo a otro por este camino especialmente revirado.

Resulta, por último, un recorrido turístico recomendable porque, si hace sol y si tenemos la suerte de viajar en primavera, a tan solo siete u ocho kilómetros de nuestra población, de Sax, el terreno de huerta conjuga productividad y belleza, dos componentes de la realidad presente que a menudo suelen resultar incompatibles o, por lo menos, difíciles de compaginar sobre la misma zona.

 

 

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