Los cuadros de salud mental se han incrementado con la llegada y estancia perpetua del Covid-19. La llegada del coronavirus, el estado de alarma y la desescalada ha aumentado el riesgo de las enfermedades de salud mental.

Con la pandemia hay más deterioro mental que nunca, siendo la depresión uno de los problemas de salud mental cada vez más presente en la sociedad y según la Organización Mundial de la Salud dentro de diez años será la primera causa de discapacidad en el mundo. Esta enfermedad silenciada, crece exponencialmente por culpa de la pandemia y es donde hace falta más concienciación social, en donde debemos eliminar tabúes y miedos para acudir a pedir ayuda a los profesionales médicos.
Las depresiones aparecen en cualquier persona susceptible que normalmente esté sometida a acontecimientos desfavorables durante un tiempo que, para cada uno de los pacientes es diferente, es decir, unos aguantan un mes, otros un año, otros tres años…
Los acontecimientos adversos hacen que se produzcan cambios en nuestro cerebro porque los neurotransmisores que están destinados a mitigar el miedo, la angustia, la ansiedad y el sufrimiento llega un momento en que se agotan. Concretamente es la serotonina. Entonces, cuando se agotan, el organismo pone en marcha un sistema defensivo biológico que hace que cambie la manera de funcionar el cerebro y ya no sea capaz de defenderse.

Además de factores externos como perder el trabajo, a un familiar o experimentar una separación, aunque también puede ser genético. Somos resilientes o resistimos durante un tiempo, unos más y otros menos, porque también hay una gran parte genética. Hay gente que genéticamente es menos resistente y tiene facilidad para la depresión por antecedentes familiares o por tener muchos problemas en la infancia. Somos más resistentes con una infancia sana.
La pérdida de trabajo es algo demoledor o la pérdida de una vida cuando no te has podido despedir de un familiar, que un día lo llevaste al hospital y te lo devuelvan en una caja, y has de resolverlo en pocas horas, es una experiencia que sólo se vivía antes en las guerras, y es algo dramático, y todo por un enemigo invisible, hay mucha gente que pierde lo más valioso de un día para otro.
En estos días se está incrementando el riesgo de sufrir estas enfermedades, y mucho más que nunca, la situación es bastante mala, y lo que viene es mucho peor de cara a los repuntes de las interminables olas, donde se muestran cada día más cuadros de depresión y ansiedad. La ansiedad crónica se acaba convirtiendo en depresión. El cerebro está preparado para un número determinado de malas noticias, pero cuando sobrepasamos ese número, el cerebro se estropea. La incertidumbre es mala amiga del estado de ánimo y no te deja ver bien la realidad. También la realidad es tan mala que hay gente que no es capaz de afrontarla y se hunde.

Las mujeres son las más afectadas, cifras que han aumentado en un 83%, mientras que, en el caso de los hombres, se detectó un incremento de un 22%. Entre los principales motivos, se estima que las mujeres trabajan principalmente en los sectores de hotelería y gastronomía, los más afectados por el nuevo coronavirus.
Mientras avanzamos en la desescalada y entramos en la llamada nueva normalidad, los efectos colaterales de la crisis del coronavirus se van haciendo cada vez más evidentes. Entre estos, quizá el más adverso sea, junto con la repercusión económica, el impacto que la pandemia y el confinamiento han tenido en la salud mental del conjunto de los españoles.



