Los usuarios de este espacio, que ya se ha convertido en punto de encuentro para las familias de estos pequeños ‘hortelanos’ durante los fines de semana, son de empleos y situaciones diversas,  algunos  que disponen de tiempo, otros solo se acercan el fin de semana y todos ellos, disponen de mucha voluntad para sacar adelante los cultivos.

 

Javier Martínez, “tenemos usuarios mayores que no tienen terreno y vienen aquí a disfrutar de la horticultura y a compartir momentos con el resto de usuarios. Pero también tenemos gente joven que viene prácticamente cada día. Los fines de semana, además, se organizan comidas y encuentros entre todos los propietarios y sus familias, porque ya se ha creado un ambiente de compañerismo, muy familiar”.

 

Los huertos de ocio (también llamados huertos familiares) son pequeñas parcelas de cultivo dentro y en la periferia de las ciudades cuya función no se centra exclusivamente en la productividad, sino en otros aspectos sociales ya que suponen un marco perfecto para el crecimiento personal.

 

Los huertos en las ciudades representan una vía de contacto con la naturaleza, al mismo tiempo que aportan beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos y, en algunos casos, económicos. Además, el hecho de plantar uno mismo las verduras y hortalizas, aprender el arte de la horticultura, recolectar, oler y saborear los productos propios.

 

 

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