Adiós a Vicente Algarra un comunicador con esencia que ya toca el cielo

por | Ago 3, 2019 | Villa de Sax

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Más allá de convencionalismos y frases hechas para obituarios tristes, la mayoría de quienes lo conocieron, siquiera un poco, sabrán que será así, en efecto. Y es que, en todos los órdenes, su persona transmitía la especial sensación de hallarnos ante alguien muy especial, casi de otra época, cuando la vida discurría, en el fondo y también en las maneras, de forma mucho más armónica; bastante más humana o «cálida» que esta que tenemos que ir sobrellevando.

Vicente Algarra ha sido durante toda su vida un ejemplo de solidez y coherencia en sus valores esenciales. Su familia, seres queridos y amigos, a los que tanto adoraba, saben bien de su sensibilidad y desvelos por su felicidad. Y a esa dimensión íntima que es compartida por muchos de su generación, crecidos en ese mismo ambiente tradicional, hay que añadirle la especial vocación, siempre sostenida en su vida, por trasladar esas inquietudes a su espacio comunitario. Y Sax fue siempre ese espacio.

Duele siempre un adiós, y más aún a los que han estado ahí, desde que tenemos memoria, en las primeras filas de la vida pública sajeña; en las pequeñas, o no tanto, preocupaciones cotidianas del devenir de nuestro pueblo.

Desde la juventud temprana, su compromiso se materializó sin cesar con la contribución activa en el asociacionismo popular, que él consideraba vital para forjar eso que se llama «sociedad civil»; es decir, la sociedad que críticamente y con poder real reivindica ante los poderes públicos su efectiva participación en la gestión municipal. Así lo hizo, siendo miembro de muchas asociaciones (más de una vez, llegamos a oírle decir que creía que era socio de todas las de Sax, a la vista de las cuotas a afrontar) y colaborando muy activamente con bastantes, desde el lejano y juvenil Sax Club, hasta las AMPAS  escolares y de instituto, pasando por la Plataforma antiescalinata (la iniciativa que dirigió, hace diez años, y que movilizó a una parte importante de la población contra el proyecto municipal de las escaleras mecánicas de acceso al castillo) o la Asociación de Estudios Sajeños, donde era miembro permanente del consejo de redacción de la revista El Castillo de Sax.

Por supuesto, la Fiesta de San Blas fue uno de sus intereses primordiales. Amante de las tradiciones que han definido la identidad local, en incontables ocasiones desempeñó puestos directivos en su Comparsa de Cristianos, y fue miembro durante décadas de toda suerte de comisiones organizativas y culturales de la comparsa y de la Mayordomía de San Blas. En marzo de 2010 a través de las ondas de la radio de Sax, lanzó el recordado El Picayo, el gran programa que permanecerá en los anales festeros. El mundo de la Fiesta pierde ahora no sólo un veterano con más de medio siglo de trayectoria, sino al gran luchador que fue para que las fiestas siguieran siendo ese gran punto de encuentro y convivencia local, además de a uno de los mejores divulgadores de la gran tradición que la celebración sigue suponiendo.

Y la política, como necesidad esencial del hombre que habita en sociedad, tampoco podía estar ausente en sus inquietudes. Participó en la gestación local del fallido y casi olvidado proyecto del Partido Reformista Democrático; fue miembro del centrista CDS, del que llegó a ser el Presidente de la agrupación local; participó en la candidatura del PP en las elecciones municipales de 2011, y en los últimos meses, pese a las sucesivas frustraciones, inasequible a cualquier desaliento, tan solo la enfermedad pudo mantenerlo alejado de su colaboración en lo que consideraba un proyecto alternativo y centrado que contribuyese a la mejora de la siempre tensa vida política sajeña.

Vicente Algarra combinó una visión conservadora en numerosas facetas de la vida con la comprensión de que la justicia social es primordial para una vida en común digna. Tal era su sensibilidad. Y también a través de las ondas pudimos escucharlo en Las Charraícas, la tertulia de radio de actualidad municipal que dirigió durante años. En ella, desplegó todas sus energías frente a los habituales sectarismos ideológicos predominantes y luchó por que todas las opiniones, la máxima pluralidad, estuviesen siempre presentes.

 

En su vida, Vicente nunca optó por huir del debate o disfrazar sus convicciones y fue el primero en lamentar los posibles distanciamientos que propiciara tal actitud. Muchos de los que le conocimos creemos que en toda ocasión quedaba bien claro que su vocación pública o comunitaria superaba cualquier interés personal. Y también nos consta que bastantes de quienes pudieran haberse considerado como supuestos adversarios, lo admiraron por ello.

La vida sigue, y Vicente seguirá en ella en cierta forma. Él consideraba que nuestro presente, los días que nos han tocado vivir, no son completamente nuestros porque nuestra cultura, nuestras costumbres, son deudoras en gran parte de lo recibido de los padres. Él se esforzó por transmitirlas a sus hijos y a las generaciones jóvenes. Justo será que no olvidemos ese anhelo y conservemos de lo recibido de él y nuestros ancestros todo lo que valga la pena. Y así, el futuro también podrá pertenecer al inolvidable Vicente Algarra Torreblanca.

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