Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, salimos a la calle otra vez para denunciar que las violencias machistas nos atraviesan a todes, todas y todos, y que son una parte fundamental del funcionar cotidiano del sistema en el que vivimos.

En España, desde 2003 se han registrado 1171 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. Actualmente, una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja cada 6 días. Las denuncias por violencia machista han aumentado un 70,8% entre las adolescentes desde 2020. Se denuncia una violación cada 4 horas y 2 agresiones sexuales a la hora. Solo se denuncian el 11% de las violaciones. Entre los motivos más citados para no denunciar encontramos vergüenza, miedo a no ser creídas, miedo al agresor.

Enfrentamos violencias machistas en todas las dimensiones en las que la vida se desarrolla. Desde lo más cercano e íntimo (esos lugares en los que “existimos”); la casa, los cuidados, la distribución desigual del placer; a lo más lejano y “público” (esos lugares a los que a veces “vamos”); los juzgados, las alianzas financieras internacionales, las guerras interestatales. Entre lo “uno” y lo “otro” hay una multitud de violencias machistas que no cesan; escuelas, redes sociales, instancias médicas, los centros de trabajo, la calle, el ocio, los desahucios, el diseño de las ciudades. En todas las esferas sociales aparecen las vidas de las mujeres subordinadas a la ganancia y privilegio de las vidas dominantes.

Salimos a la calle para señalar estas violencias, identificarlas, reconocerlas y entonces ser capaces, colectivamente de transformar las dinámicas que las hacen posible. Pero no se trata solo de querer eliminar las violencias que nos oprimen, sino de entender que esto implica transformar al sistema en el que vivimos, porque una cosa no es posible sin la otra: el sistema necesita las violencias y las violencias posibilitan la reproducción de este sistema.

Mujeres en distintas sociedades siguen enfrentando las opresiones que las afectan: la revolución del velo en Irán, las luchas de nuestras compañeras en Afganistan, Kurdistán, la República Árabe Saharaui Democráctica, etc. Atravesadas por los intereses del Norte Global y ninguneadas por la “sociedad internacional”.La lucha contra el capitalismo y neoliberalismo requiere la construcción de vínculos y alianzas para abordar una intersección de sistemas que violentan a las mujeres en todas las sociedades, lo cual evidencia la necesidad de tener un claro posicionamiento antirracista y anticolonial en nuestras prácticas feministas y seguir reclamando que ninguna mujer será libre mientras siga habiendo mujeres sometidas.

Entendemos que como parte de los engranajes podemos ser al mismo tiempo oprimides y opresores. Y por tanto también es necesario señalar, identificar, y reconocer las violencias entre nosotras. Por eso pensamos que son fundamentales los espacios de encuentro y reflexión, feministas, plurales, de acción e incidencia. Creemos que frente a la violencia es imprescindible construir vínculos para defendernos, contenernos, encontrarnos, compartir, cuidarnos. Que es desde este andar y aprendizaje colectivo en constante movimiento y fluctuación, que podemos conseguir transformarnos a nosotras para poder transformar las cosas.

Este año conmemoramos el 25 aniversario de la denuncia pública de maltrato que hiciera la granadina Ana Orantes, por lo que fue cruelmente asesinada y que supuso un antes y un después en la lucha contra la violencia de género y cuya genealogía es fundamental reconocer para seguir gritando alto y claro que:

¡SI TOCAN A UNA, NOS TOCAN A TODAS!

Por lo que seguimos,

CONSTRUYENDO VÍNCULOS Y CUIDADOS CONTRA EL PATRIARCADO

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