Confieso que no me gusta la Navidad demasiado y menos las lucecitas, el frío, las reuniones familiares por obligación, la inevitable nostalgia y menos el consumismo.

Porque diciembre, para la mayoría de la gente, significa Navidad y eso significa felicidad. Pero para mí no es una época alegre, sino una muy difícil. Pues soy feliz de naturaleza y en esos días de consumo por doquier lo único que se salva es el día más esperado del año en mi familia, esa jornada en la que todo es de verdad, sin mentiras ni mucho menos falsedades, pues ese momento que extiende todo el 26 de diciembre es pura fiesta.

En esta fecha normalmente hace frío, hay poco sol y aunque las plazas están llenas de adornos navideños, en Sax se vive la fiesta de San Blas.

Las personas desde antes de las siete de la mañana tomamos calenticos, cafés o infusiones, siempre casi ardiendo, los más valientes toman hierbas con algún cubito.

Es que los almuerzos se preparan desde tempranas horas de la mañana, para que la mayoría de los festeros de Sax y algunos arrimados de poblaciones vecinas despierten con las dianas y las bandas de música a los más dormilones que llegaran a mesa puesta.

Pero además es un tiempo de nostalgia, ya sabemos que, como este mes es el último del año, toca reflexionar todo lo que pasó, y queda ese rincón para las personas y espacios que ya no están, en quien somos y por quien, somos.

Se envían mensajes con memes sobre fiestas de San Blas y se sacan los archivos de las últimas fiestas, en este caso llevamos dos de menos y en ellos vemos las personas que por un momentito vamos a añorar.

 

Y tras dos años de pandemia y que nuestros políticos nos dejasen sin este acto democrático más antiguo de Sax, este 2022 si volveremos a gozar de un nuevo Cabildo. Este concejo vecinal de origen medieval desde que la Generalitat Valenciana le concedió el título de Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial. Siempre en la tarde del segundo día de Navidad, en la plaza de San Blas, al sonido de la “campanica”, con las puertas de la ermita abiertas al patrón y en presencia del pueblo soberano y las autoridades de la villa.

Un día de cuartelillos, pasodobles, almuerzos y comidas, pasacalles y visita al patrón. Y ya queda menos para las fiestas que la villa sajeña celebrara tradicionalmente del 1 al 5 de febrero. Comienza la cuenta atrás.

Y no es que no me guste la navidad, pero por descontado que prefiero el día del Cabildo, aunque echemos de menos a algunos de nuestros cabilderos ilustres.

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