Miguel Hernández

por | Mar 28, 2017 | Opinión

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Un año más, llega el aniversario de la muerte de Miguel Hernández y, como siempre, no faltan las voces y las personas que reivindican su figura, voces que vienen desde todo el espectro político, todas las profesiones y todas las ramas artísticas. Habría que tapar muchas bocas: responsables políticos actuales que consintieron que su legado se fuera a Jaénpersonalidades políticas del pasado que, cuando cayó la República, lo abandonaron a su suerte;  sus compañeros poetas y escritores que no entendían su implicación con la República, y que ésta era a la vez de pensamiento y de acción, y una dictadura empeñada en que callara y no siguiera escribiendo. Nunca fue un intelectual, su acción siempre fue doble, la escritura y la lucha en las trincheras, en primera línea, no como otros intelectuales que solo vivieron en despachos, a refugio de escaramuzas y batallas militares.

Acción, para defender los ideales, aparte de discursos se necesita dar la cara y sacrificarse, solo los valientes tienen esta actitud y la historia se encarga de contarnos que lo pagan caro.

El orgullo más grande que puede sentir Miguel es el que le tributa cualquier joven que coge una guitarra y canta sus poemas, o el de cualquier clase de colegio o instituto que organiza una función con sus poesías y llena el teatro, o también el de cualquier lector anónimo que, en lugar de ver televisión, se encierra en un mundo que nace de uno de sus libros.

Y sobre todo, orgulloso,  por los murales que se pintan en su barrio de Orihuela. Iniciados en el año 1976 y retomada ahora la iniciativa. Sobre todo porque los vecinos del barrio están orgullosos de su vecino más ilustre, Miguel Hernández, y lo hacen desde la más absoluta admiración, sabiendo que no van a recibir prebendas, cargos políticos ni palmaditas en la espalda de nadie, lo hacen por admiración y respeto al poeta y se la trae al pairo lo que piensen los demás.

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