En el Archivo Municipal de Sax se conservan los “libros de órdenes”, y entre los documentos curiosos destacamos la Ordenanza de Fernando VI, de fecha 6 de octubre de 1751, sobre la quema de equipajes y muebles de los fallecidos por enfermedades contagiosas, especialmente tuberculosis o tisis, como se la llamaba en la época.
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A Sax llegó la Ordenanza desde la ciudad de Murcia, “para su cumplimiento, y observancia en ella, y Pueblos de su Provincia”, refrendada por el Marqués de la Ensenada, “mi Secretario de Estado, y del Despacho Universal de la Guerra, Marina, Indias, y Hacienda”.

Como consunción, tisis, mal del rey, peste blanca o plaga blanca se ha conocido a la tuberculosis a través de la historia, y durante el siglo XVIII, los gobernantes ilustrados promovieron leyes para combatir su propagación.
El control sanitario de la tisis y de aquellas enfermedades infecto-contagiosas denominadas en la confusa patología de la época con el nombre genérico de fiebres “pthisicas y héticas”, quedo reglamentado en la citada Ordenanza y en el edicto de “Addición” de 23 junio 1752.

La normativa fijó leyes y multas para obligar a la quema en espacios aislados, lejos de los centros de población, de ropas y bienes muebles de contagiosos. Además de sanear, emblanquecido los espacios con posibilidad de pestilencia para evitar restos infecciosos.
La venta de enseres, alhajas y ropas pertenecientes a enfermos o fallecidos de “ptisicas”, en almonedas y tiendas de ropavejeros, quedaba sujeta a la vigilancia de las autoridades policiales, por el alto riesgo que este comercio suponía para la salud pública de la población.

Era la autoridad civil la que debía ordenar la quema de todas las pertenencias del difunto, “a excepción de los metales, que purificándolos al fuego, pueden restituirse a los herederos”, pues el valor purificador del fuego para luchar contra las enfermedades contagiosas se conocía desde la Antigüedad



