El origen de las cabañuelas se remonta a unos 35.000 años antes de Cristo, cuando la Luna era la única referencia del tiempo que el hombre tenía para cazar y pescar, pero no es hasta mediados del siglo XX cuando empiezan a tener una importante influencia en la sociedad ya que la necesidad de predecir el tiempo y del instinto de supervivencia de los hombres frente a las leyes de la naturaleza hizo que mediante la observación del cielo se pudieran anticipar los fenómenos meteorológicos del año.
Para que las cabañuelas tengan su orden correcto, hay que tener controlada la dirección del viento, formas de nubes, la Luna, el Sol, las estrellas, la niebla,… y, sobre todo, el comportamiento de los animales (la aparición de hormigas aladas, el gallo que cante de día, el orejeo de las mulas, …). Las personas también tendrían que ver con el pronóstico; si tenían dolores, picores,…
El método de las cabañuelas consiste en:
- Cabañuelas de ida: nos indican que los primeros 12 días del mes de agosto se corresponderán con el clima de los doce meses del año, es decir, el 1 de agosto corresponderá al clima del mes de enero; el día 2, al del mes de febrero; el 3, al de marzo y así hasta llegar al 12 de agosto que será el clima correspondiente al mes de diciembre.
- Cabañuelas de vuelta: a partir del 13 de agosto, estaríamos prediciendo el clima de los meses en orden descendente, es decir, el día 13 correspondería al clima de diciembre; el día 14, al de noviembre; el 15, al de octubre y así hasta llegar al día 24 que representaría al mes de enero.
Parece un método complicado y, desde luego, no tiene ningún rigor científico, pero hablamos de tradiciones populares que en pueblos antiguos ya se utilizaban para predecir el clima. La naturaleza es muy sabia y, a pesar de tanto ruido y tanto satélite artificial, la Madre Tierra nos habla. Y a algunos todavía nos gusta escucharla.



