Tus hijos sienten, como tú y como yo. Tus hijos viven sus emociones con intensidad. Tus hijos necesitan querer y saberse queridos. No lo olvides.

El sufrimiento invisible es el sufrimiento que nos negamos a ver. Los divorcios acarrean sufrimiento tanto a los padres como a los hijos, y a veces los adultos estamos tan sumidos en el dolor, tan presos de rabia que tenemos mucha dificultad para darnos cuenta de que nuestro comportamiento, especialmente el de hablar a los hijos mal del otro progenitor, puede ser la causa de la tristeza de nuestros hijos.

En los últimos años he visto a muchos menores a los que ambos progenitores, o uno de ellos, los someten a una de las situaciones de maltrato más dañina que puede haber: la de hacerlos ser parte de las disputas que se dan entre los adultos, y lo que es peor aún, tener que tomar parte por uno de sus progenitores en las disputas que se dan entre ellos.

Todos los niños necesitan modelos a imitar que guíen su desarrollo , un modelo a seguir, un referente, un faro. Los menores obtienen en la figura paterna y/o materna no solo un modelo a seguir, sino también la mejor manera de establecer vínculos afectivos que les ayudan a desarrollar seguridad emocional. Quiero y me quieren, esa es la mejor vitamina para crecer.

La separación/divorcio de los padres, sobre todo cuando es “tormentosa”, pone a prueba la competencia y el talento de esos padres a la hora de gestionar una situación dolorosa de la manera más generosa posible con los hijos.

Todos los padres ejercemos influencia en nuestros hijos. De eso trata fundamentalmente la tarea de educar, de influir en la conducta de nuestros hijos, de influir en sus valores, normas y actitudes. Esa capacidad de influir en nuestros hijos acarrea una gran responsabilidad: la de evitar la manipulación.

 

Carlos Pajuelo.

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