El compás eterno de Sax: Treinta años sin el maestro Miguel Villar

por | Oct 19, 2026 | Cultura-Ocio

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Hay hombres que pasan por los pueblos y dejan una huella amable, y hay otros que, directamente, reescriben su identidad. El sábado 17 de octubre de 2026, se cumplían 30 años del fallecimiento de Miguel Villar González (1913-1996). Tres décadas sin el «maestro Villar», una figura monumental de la música valenciana cuya sombra alargada, fecunda y perenne sigue cobijando con especial fuerza a la Villa de Sax. 

Aunque nacido en tierras valencianas y habiendo dejado su impronta en diversas localidades, hablar de Miguel Villar es hablar, de forma inevitable, del folklore musical moderno de Sax. Su llegada al municipio no fue un simple cambio de director; fue el inicio de una revolución cultural que transformó las fiestas de San Blas y el sentir de todo un pueblo.

 

La revolución de 1966: Modernidad e inclusión 

El idilio entre el maestro Villar y Sax comenzó en 1966, año en el que asumió la dirección de la Sociedad Unión Musical y Artística de Sax. Durante doce años irrepetibles (hasta 1978), Villar no solo elevó el nivel técnico de la banda hasta llevarla a ganar prestigiosos certámenes, sino que actuó como un visionario social. 

Bajo su batuta, la Unión Musical vivió un proceso de modernización institucional sin precedentes que incluyó la renovación del instrumental y, de manera muy destacada para la época, el impulso definitivo para la integración de la mujer en la banda de música. Rompiendo barreras, el maestro entendió que la música sajeña debía conjugarse en plural y sin distinciones. 

El arquitecto de la banda sonora de San Blas 

Sin embargo, el verdadero milagro de Miguel Villar en Sax fue su capacidad para capturar el alma del municipio en un pentagrama. El compositor cayó rendido ante la singularidad de las fiestas de Moros y Cristianos en honor a San Blas. Fruto de esa fascinación, compuso más de un centenar de obras dedicadas exclusivamente a Sax, sus comparsas y sus gentes. 

Villar no solo escribía notas; componía para el movimiento. Supo entender como nadie el ritmo del tradicional paso del «saltico», esa forma única y enérgica de desfiles que tienen los sajeños. Obras memorables como los pasodobles «Segisa», «Alma sajeña» o «El Picayo» se convirtieron de inmediato en himnos oficiosos de la villa. Su genialidad no se limitó a la música festera; el maestro buceó en la historia local para regalarle a la población el imponente poema sinfónico «Artal de Alagón», una obra que narra musicalmente la toma del castillo de Sax por el caballero aragonés en el siglo XIII. 

Un legado avalado por la ciencia y la historia 

La trascendencia de su obra en Sax traspasó pronto lo meramente popular para convertirse en objeto de estudio académico. La UNDEF (Unión Nacional de Entidades Festeras de Moros y Cristianos) avaló en su día un pilar fundamental de la bibliografía histórica sobre el músico con la publicación del estudio titulado «La creación de un folclore musical para las fiestas de Moros y Cristianos: Miguel Villar y la creación del folclore sajeño», coordinado por el historiador Alberto Ochoa García, al que seguiría el libro monográfico «Sax, fiesta y música». Estas investigaciones ratificaron de forma científica lo que el pueblo ya sabía: Villar fue el arquitecto definitivo de la identidad musical sajeña. 

Un homenaje de bronce en el corazón de la villa 

El agradecimiento de Sax quedó inmortalizado para siempre en sus calles. El municipio le dedicó la Plaza de Miguel Villar, un espacio público que sirve hoy como el emotivo punto de inicio de la Ruta Festera Musical de la localidad. 

En este emblemático rincón destaca su monumento escultórico, forjado por el artista Alejandro Cremades Romero junto a los alumnos de su escuela de forja. La obra lleva por título «Viva San Blas», un nombre cargado de simbolismo, ya que rinde homenaje a la pieza del maestro que se ha convertido en el himno oficial de las Fiestas de Moros y Cristianos de Sax. Presidido por una imponente clave de sol envuelta en un pentagrama, y flanqueada por las siluetas de una trompa, una trompeta y un trombón, el monumento recuerda a los viandantes que la identidad musical de Villar quedó fundida para siempre con el hierro y el alma del pueblo

Un patrimonio vivo 

Treinta años después de su último silencio, la música de Miguel Villar sigue sonando con la misma frescura que el primer día. No es una exageración: cada mes de febrero, cuando las bandas rompen a tocar en la plaza de la Constitución, el espíritu del maestro vuelve a desfilar. 

Este arraigo eterno no es casual. La propia familia del compositor, consciente del amor mutuo entre el músico y el pueblo, tomó en su día la generosa decisión de donar todo su archivo histórico y partituras originales a la Villa de Sax. Hoy, ese patrimonio se custodia con mimo, garantizando que las nuevas generaciones de músicos sigan formándose bajo el influjo de sus partituras originales. 

Miguel Villar González nos dejó un 17 de octubre de 1996, pero en Sax la muerte es solo un concepto relativo para quien compuso la banda sonora de la memoria colectiva. Mientras un sajeño levante el rodete al compás de un pasodoble o vibre con el eco de un clarinete bajo el Castillo, el maestro Villar seguirá estando profundamente vivo. Y Sax, eternamente agradecida. 

 

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