El evento gastronómico nació en 2005 como una iniciativa libre y autónoma de la Asociación de Comerciantes, pero el afán de protagonismo del actual Ayuntamiento ha confiscado una marca que pertenecía al pueblo.

Corría el año 2005 cuando un modesto grupo de apenas nueve locales, bajo el paraguas de la Asociación de Comerciantes de Sax, decidió dar vida a la primera edición de la Ruta del Tapeo. Aquella apuesta arriesgada y nacida de las propias barras de los bares se convirtió, con el tiempo, en un éxito rotundo. Hoy, esa historia de esfuerzo vecinal podría estar celebrando con orgullo sus 21 años de trayectoria ininterrumpida. Sin embargo, la realidad es mucho más gris: el evento apenas cumple su «segunda edición» bajo un formato secuestrado por el intervencionismo institucional y el afán de protagonismo político.
Lo que hoy se vende desde los despachos del consistorio como un «rescate» es, para muchos, un claro ejemplo de cómo la administración actual fagocita las iniciativas civiles para su propio lucimiento. Históricamente, la Ruta del Tapeo jamás le perteneció al Ayuntamiento. Durante casi dos décadas, fueron los propios tenderos y hosteleros quienes marcaron las pautas, gestionaron los recursos y construyeron una marca desde abajo, contando con el consistorio únicamente para el apoyo logístico elemental.
El verdadero punto de inflexión de esta historia truncada llegó en el año 2022, cuando el ayuntamiento suspendió de forma unilateral la campaña de la Ruta de las Tapas escudándose en una ambigua «opinión generalizada sobre la organización». Lo que en su momento se camufló como un simple parón técnico fue, en realidad, el desmantelamiento programado del modelo de gestión autónoma de los comerciantes. Al arrebatarle el evento a la asociación, los gestores públicos dejaron el terreno abonado para su posterior regreso, pero con una condición innegociable: ahora el Ayuntamiento maneja el timón y decide quién sale en la foto.
La queja en las calles de Sax es un clamor: al igual que ha ocurrido con otras iniciativas locales, el gobierno municipal actual parece incapaz de tolerar que el tejido civil y comercial lidere los éxitos del pueblo sin fiscalizarlos. Al asumir la gestión directa de la ruta, los políticos locales han acaparado los focos. Las redes institucionales del Ayuntamiento de Sax en Facebook e Instagram se han transformado en el escaparate promocional y personal de los políticos, quienes monopolizan los vídeos y se atribuyen un mérito que no les corresponde.
Aunque estas últimas ediciones se han intentado maquillar con novedades impostadas, como las sesiones de DJs en la Plaza Cervantes, la realidad es que el formato original ha sido completamente institucionalizado. Los precios ya no los consensúa el sector, sino que se dictan por decreto —fijando la tapa en 2,50 € y la bebida en 1,50 €—, y el concepto del «tardeo» se planifica en despachos oficiales en lugar de atender a las necesidades reales del día a día de la hostelería sajeña.
Nadie pone en duda que la masiva afluencia de visitantes de las localidades vecinas del Alto Vinalopó genera una inyección económica indispensable a corto plazo para los establecimientos históricos del municipio. Sin embargo, el balance tras estos dos años de rodaje bajo el yugo municipal deja una lectura política preocupante: el éxito comercial ya no se le reconoce al esfuerzo colectivo de la Asociación de Comerciantes, sino a la supuesta benevolencia del ejecutivo local.
El desafío de futuro para Sax ya no radica únicamente en innovar culinariamente o en asegurar la sostenibilidad del certamen. El verdadero reto de la hostelería sajeña es frenar el ego de unos gestores públicos que prefieren tutelar e intervenir la iniciativa privada antes que dejarla crecer libremente. Las barras de Sax ya demostraron en 2005 que sabían llenar las calles por sí mismas; la gran incógnita ahora es saber cuántos años más tardarán los políticos locales en devolverle al pueblo una marca que nació de los ciudadanos y para los ciudadanos.




