De las comparsas al Centro de Salud: la villa de Sax y la fábrica de la vida que se lleva en las venas

por | May 25, 2026 | Sociedad

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En Sax, la solidaridad no es un acto aislado; es una tradición que se hereda y se comparte. Da igual que la cita sea un viernes por la tarde en el Centro de Salud de la calle Reyes Católicos, o un festivo arropado por las paredes de las Comparsas sajeñas. Aquí, cuando el Centro de Transfusión de Alicante, despliega sus camillas, el pueblo responde con la misma pasión con la que vive sus fiestas. 

Cruzar la puerta de las comparsas un día de colecta es una experiencia única. El espacio, habitualmente lleno de marchas festeras, trajes y reuniones de amigos, se transforma temporalmente en un santuario de la generosidad. Entre banderas y escudos de la fiesta, los sajeños hacen cola con la documentación en la mano. La conversación en la fila fluye fácil: se habla de los próximos actos, de la familia y, sobre todo, se bromea para quitarle hierro al pinchazo. Al fin y al cabo, los festeros saben bien lo que es dar el corazón por su pueblo. 

El relevo de esta cadena solidaria ocurre en el Centro de Salud. Allí, junto a la zona de extracciones de la planta baja, el ambiente es más calmado, pero igual de reconfortante. En las camillas coinciden caras conocidas del día a día: vecinos que vienen de comprar el pan, jóvenes universitarios y donantes veteranos que forman parte de esa gran familia de héroes sajeños que ya supera las 600 personas. 

Tras pasar el rápido control médico de tensión y hemoglobina, llega el momento clave. El piquetito en el brazo apenas dura unos minutos. Mientras la bolsa se llena con esos valiosos 450 mililitros, uno no puede evitar pensar en el destino de ese viaje silencioso. Esa sangre que hoy se dona en Sax viajará por la provincia de Alicante para atender urgencias, operaciones y enfermos oncológicos que necesitan esas dosis diarias que no se pueden fabricar en un laboratorio. 

El proceso termina con el clásico refrigerio: el zumo de naranja, las rosquillas o el sándwich para recuperar fuerzas mientras se comparte una última sonrisa con los sanitarios. Da igual si dejas tu gota de vida en el entorno festero de una comparsa o en el silencio clínico del Centro de Salud. Al salir a las calles de Sax y mirar el castillo en lo alto, queda una certeza innegable: la verdadera grandeza de este pueblo no solo reside en su historia, sino en la generosidad que bombea en el corazón de sus vecinos. 

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