Turismo de cercanías” La montaña del Carrascal”

por | Nov 3, 2022 | Sociedad

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Podemos alargar estos recorridos turísticos por nuestro término municipal y alrededores hasta la umbría del Carrascal, que, en su mayor parte, pertenece al pueblo vecino, al pueblo de Castalla –ya he puesto en otro artículo de esta misma serie que, afortunadamente, todavía carecemos de fronteras administrativas que controlen el paso entre términos municipales–. En esta ocasión, vamos a iniciar el viaje a partir de la Casa de la Tejera, donde se alza el pino monumental ya descrito y ubicado en la segunda parte del artículo “Árboles monumentales de la zona”, y vamos a tomar el camino que sube pegado a la ladera del monte Carrascal, también conocido como Cantalar y como sierra de la Argueña, un  camino que no abandona en ningún momento el contacto con la masa forestal que cubre toda esta parte de la umbría.

Avanzamos por el camino que acompaña a la sierra por su base y que pronto empeora hasta convertirse en senda, aunque, en realidad, no se trata exactamente ni de un camino ni de una senda, sino que constituye una vía pecuaria, una de las veredas que caracterizan el paisaje agrario de Sax y que fueron utilizadas por la trashumancia de los ganados en otros tiempos.

Una de las ventajas de este recorrido es que resulta bastante agreste, primitivo, salvaje podríamos decir también, sobre todo en comparación con otros itinerarios más próximos a la civilización; podemos añadir como aliciente que, gracias a esta ruta de montaña, se nos ofrece la oportunidad de abandonar por unas horas el contacto estrecho y permanente con la vida moderna, con el uso de las modernas infraestructuras: con los caminos asfaltados, con las carreteras, con los puentes y las autovías, también con la excesiva urbanización de los terrenos. Tomamos la cuesta arriba y lo primero que encontramos digno de señalar es que, a mano derecha de este camino en constante pero suave desnivel, aparece un gran hoyo excavado por la mano del hombre y que, gracias a la composición arcillosa que presenta el suelo de la zona, es capaz de conservar por muchos meses el agua de lluvia que se acumula durante las tormentas. Hace algunos años, se le ocurrió a un pescador local echar carpas, y durante algún tiempo, meses, años, no puedo concretar cuánto, está especie sobrevivió dentro del hoyo, aunque lo normal es que se llene de agua y que sirva solamente como abrevadero para las palomas torcaces y para las tórtolas, para los jabalíes y para los arruís, que son las especies de animales silvestres dominantes. Este hoyo es el resultado de muchos años de extracciones de arcilla (muy abundantes en la Sierra del Carrascal o de la Argueña) con destino a la producción de tejas, a una actividad artesanal que, antiguamente, se desarrolló con éxito en la casa de la Tejera. El modesto humedal está poblado por especies típicas de la vegetación de ribera como el taray (Tamarix gallica) y como las cañas (Arundo donax).

Poco después, el camino se convierte en senda y sigue subiendo ya metido en la falda del monte, discurre ya por en medio de los pinos y pasa cerca de una casa en ruinas, la Casica las Pilas, que destaca por tener delante de la puerta dos enormes pilas, más bien pilones por su gran dimensión, que parecen de roca tallada. Recorriendo este sendero, podemos apreciar también las otras panorámicas interesantes que se dan por esta parte de nuestro término municipal; podemos ver, a la izquierda y al otro lado del barranco del Boquerón, el monte Puntal, menos elevado que el Carrascal pero con la llamativa silueta de un can tumbado.

De pronto, el recorrido que se ha ido encajando entre los dos grandes montes,  el Carrascal y el Puntal, llega a una gran extensión abierta de bancales de almendros en plena producción, y esto nos advierte de que hemos llegado a la finca de la Carrasquica. Carrascal, Carrasquica son topónimos que hacen referencia, como es fácil suponer, al bosque de carrascas, al bosque típicamente mediterráneo que antiguamente cubría gran parte de esta zona y del que, en nuestros días, solamente se conservan algunos árboles dispersos ya que lo que domina actualmente es el árbol pino. Debemos bordear el bancal de almendros para no causar ningún deterioro en el terreno cultivado y seguir por la orilla del monte. Aunque el camino y la senda hayan desaparecido, merece la pena el esfuerzo de recorrer trescientos metros campo a través porque, a partir de este punto, vamos a poder contemplar un panorama espléndido, uno de esos que ensanchan al mismo tiempo la vista y los pulmones. En primer término, queda el Puntal, y a la derecha y al fondo, la Peña Rubia y la Sierra de Biar, e inclujso la finca de Santa Aurelia, ingredientes topográficos que figuran a bastantes kilómetros de distancia de nuestra posición al pie de la sierra de la Argueña. Volviendo la mirada hacia atrás, hacia el camino que hemos llevado, y gracias a la altura alcanzada, podemos apreciar también el desfiladero formado por el Carrascal y por el Puntal, y, en lo más hondo de este desfiladero, la silueta empequeñecida de la peña y del Castillo, y todavía más al fondo, el monte de Cabreras y parte de la Sierra de Salinas.

A unos quince o veinte metros del bancal de almendros y siempre siguiendo la orilla del monte, encontramos el camino particular que sube desde la casa de la Carrasquica. En una bifurcación que hallamos a continuación, tomamos el ramal de la derecha, y tras una cuesta bastante empinada, aunque de buen piso, llegamos al alto desde el que se divisa la mejor vista panorámica, el principal objetivo de este recorrido turístico.

No cabe duda de que todo el itinerario en ascenso ha resultado llamativo, ameno, casi podemos decir que espectacular, pero no es comparable a lo que vamos a ver poco después de cruzar el bancal de almendros y de volver a transitar por camino. La masa boscosa que ha venido cubriendo con bastante regularidad la falda del Carrascal o umbría de la sierra de la Argueña, se hace a esta altura del viaje una masa apretada, todavía más compacta, un auténtico manto de pinos. La ladera del monte se empina más todavía, coge mayor desnivel y llega a sobrepasar los mil doscientos metros de altura, por lo que este sitio resulta, tal vez, equiparable en belleza y en dimensiones a los bosques que nos presentan las postales de los Pirineos o incluso de los Alpes; resulta un paraje grandioso porque esta ladera cubierta de una masa forestal tan tupida se extiende durante seis o siete kilómetros, llega hasta la finca de la Fuente del Lobo y la sobrepasa. El camino sigue firme aunque muy bacheado y penetra en el bosque durante varios kilómetros de mucha sombra, muy frescos, hasta las casas de la Fuente del Lobo, que ya pertenecen al término municipal de Castalla.

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