La exposición “Blasco Ibáñez y el rostro de las letras”, conmemorativa del 150 aniversario del literato valenciano, está compuesta por 48 fotografías, donde se muestra la imagen del escritor valenciano, con retratos de su vida pública y privada, junto a los más notables escritores españoles de su tiempo, que permiten descubrir a la persona que hay detrás del reconocido personaje.
La exposición ha recorrido ya varias localidades donde la han visitado más 8.000 personas y ahora ya está ubicada en la Casa Alberto Sols, desde el jueves 13 de diciembre y se mantendrá hasta el 27 de enero de 2019.
El Ayuntamiento de Sax, a través de la Concejalía de Cultura y en colaboración con el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, presenta esta exposición en Sax, gracias al personal interés y excelente colaboración del sajeñ, José Luís Pérez Pont, Director Gerente del mencionado Consorcio, que estuvo presente en la inauguración, junto al edil de Cultura, José María Espí, el jueves 13 de diciembre.
Las 48 fotografías nos muestran a Blasco Ibáñez como ciudadano, escritor y tribuno, desde las primeras estancias en la cárcel valenciana de San Gregorio hasta el regreso de sus restos mortales, acompañado por las más altas autoridades de la República y por el fervor de sus paisanos.La exposición es el resultado de más de 20 años de investigación en decenas de archivos públicos y privados, españoles y extranjeros. Las fotografías que componen la muestra proceden de distintas instituciones como la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Valenciana, el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara, la colección «Pedro Melero», la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, el Instituto del Patrimonio Cultural de España o la Biblioteca del Congreso de Washington.
Blasco Ibáñez, fue el escritor valenciano más importante y el más reconocido universalmente. Ya en los días finales del siglo XIX, cuando no había cumplido aún los 30 años, era una figura «enormemente popular y querida», a quien seguían las masas, atraídas por sus ideas y por la fuerza «volcánica» de sus discursos. El blasquismo contagió a las clases trabajadoras del mar y de la huerta la afición por el saber, por conocer los avances que surgían entonces, en las cuatro esquinas del mundo.



