Lucía Rubio
Miles de niños españoles hemos crecido con El hombre y la tierra, el popular programa de Félix Rodríguez de la Fuente. De su mano, aprendimos a amar a los animales y a tomar conciencia de la importancia de preservar el medio ambiente, como parte fundamental de salvar al ser humano. Aquel estomatólogo, biólogo autodidacta, fue un naturalista vocacional y prolífico pero, por encima de todo, un portentoso divulgador. Cambió nuestras vidas y su influencia perdura con fuerza más de 35 años después de su trágica pérdida.

En esa necesidad del hombre de tener un vínculo con la naturaleza, es donde reside la clave de la “magia” que hacen los chicos de Sax con sus águilas, lechuzas y búhos. La conexión especial que se genera entre las aves y sus pacientes, es el fundamento de la inmensa cantidad de beneficios que reportan para la mayoría de los casos, independientemente del síndrome o discapacidad. Entre otras cosas han conseguido aumentar las capacidades comunicativas y de adaptación, la reducción de conductas agresivas, desarrollo de la empatía, mejora de la atención y concentración, reducción de la ansiedad, mejora de habilidades sociales, aumento de la coordinación psicomotriz, etc.
Las intervenciones con aves rapaces ofrecen una alternativa a los métodos clásicos de terapia, que en muchos casos resultan totalmente ineficaces. Estudios de fisioterapia y psicología han demostrado la efectividad de este nuevo proyecto, reflejando como los resultados obtenidos son verdaderamente asombrosos.
El reciente apadrinamiento supone un gran impulso para Magic Eagle, ya que Odile es hoy en día la más fiel representación de los valores de su padre. Félix tenía un mensaje, que era de un modo u otro, su legado al mundo. Legado que sigue vivo en todos aquellos que y protegen la naturaleza y defienden el vínculo del “hombre y la tierra”.

“No veo al lobo caricaturizado de la fábula o al halcón envilecido en el parque zoológico, sino como criatura que, a través de la aventura de la vida, comparte con el hombre el destino de la tierra. Una criatura cercana y emparentada con nosotros mismos, victoriosa en una larga y fascinante historia evolutiva. Una criatura palpitante, gloriosa como el halcón que cae de las nubes.”



