Con motivo de los 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal, con «gozo y alegría de poder celebrar este aniversario de las apariciones», las peregrinas de las poblaciones de Sax y Salinas partieron el pasado jueves 26 de octubre sobre las 22:00 horas desde Sax, donde una veintena de mujeres han sido peregrinas en el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima, completando una distancia de 867 Kilómetros, y el tiempo aproximado de la duración del viaje de ocho horas, para la celebración del primer centenario de las apariciones de la Virgen a los tres pastorcillos, este año el santuario batirá el récord de visitantes con 8 millones, entre ellos el Papa.
Las peregrinas sajeñas tras 4 días que han dado para vivir la fe y realizar también turismo, partieron camino de Sax, con nostalgia y con la ilusión de poder volver el año próximo. Dando gracias a la Virgen Santísima por tantos momentos vividos, en ambiente de fraternidad, oración y alegría, el domingo 29 de octubre, llegaron a la población sobre las 00:00 horas, ( ya lunes 30 de octubre) tras más de ocho horas de viaje y otros 867 kilómetros, las peregrinas sajeñas y salineras“los momentos de oración, la convivencia de todo el grupo y el amor compartido a María, nos han ayudado a profundizar en nuestra fe y en el Amor a la Iglesia Diocesana que nos une en un mismo sueño misionero. Que la Virgen de Fátima nos ayude y nos fortalezca en nuestro caminar”.

¿Qué sucedió realmente en Fátima hace cien años?
El 13 de mayo de 1917, después de misa, Lucía dos Santos -de 10 años de edad- y sus primos Jacinta y Francisco -de 7 y 8- llevaron a sus ovejas hasta Cova de Iria, a dos kilómetros de Fátima, una remota aldea de las colinas del centro de Portugal. Merendaron, rezaron, jugaron durante un rato. Pero un relámpago interrumpió la diversión. Los pastores niños reunieron el rebaño y decidieron poner rumbo a casa. El cielo se iluminó una segunda vez y, tras el estallido, apareció sobre una encina «una Señora vestida de blanco, más brillante que el Sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos de sol más ardientes». Un manto con bordes dorados cubría a la Virgen; en sus manos, un Rosario. Les pidió que volviesen el día 13 de cada mes, a la misma hora, durante los siguientes cinco meses.



