Sobre las 7:00 horas se mezclan por las frías calles los más madrugadores que se juntan, casi sin quererlo, con los que trasnocharon un día de Navidad cantando villancicos y vuelven a casa desfilando al son del pasodoble de turno a pegarse una ducha y cambiarse de ropa, pues es El Cabildo.
Los cuartelillos y locales de comparsa se ambientan con las lumbres encendidas y los fogones a rebosar de los mejores manjares para preparar los almuerzos, mientras en la calle los festeros y pueblo en general desgastan el asfalto con el saltico característico y sus mejores aliados, los músicos y músicas de las bandas que interpretan ya las marchas y pasodobles más representativos de nuestra fiesta. Nadie es más que nadie pues todos cogidos formando escuadras comienzan a calentar Sax.

Tras los copiosos almuerzos y a la hora del café llegan las embajadas, homenajes, juntas de comparsa, más pasacalle, bendiciones de banderas, armando caballeros y damas a los niños, a los peques, que se nos hacen grandes,… Hay tiempo hasta para tomar el Vermout con algún picoteo, la comida y, posteriormente, nos subimos al Cabildo, bien apañaos.

Una tradición que se celebra en Sax desde 1627, hace 389 años; ya ha llovido desde entonces y, como no es costumbre, no se levantan actas. Por ello, de momento, no somos BIC (Bien de Interés Cultural).

¡¡¡Viva el Cabildo!!!.


