En estos momentos finales del estado de alarma por la emergencia sanitaria debida a la pandemia del coronavirus COVID-19, es un buen momento para recordar que nuestros antepasados sufrieron a lo largo de los siglos diversas epidemias y enfermedades contagiosas, como la mal llamada “gripe española” en 1918; las tres epidemias de cólera del siglo XIX, además de otras de tifus y fiebre amarilla. Sin olvidar la viruela hasta finales del siglo XVIII, cuando la primera vacuna propició su cura.
Pero la epidemia más temida era la peste negra, también conocida como la muerte negra. Todo el mundo occidental tenía en la memoria colectiva la gran peste de mediados del siglo XIV, entre los años 1347 y 1353, cuando falleció un tercio de la población europea. Sucesivas oleadas de esta terrible epidemia se sucedieron durante los siglos XV y XVI, y a partir de 1580 la peste se instaló de forma casi endémica en el sur de la península Ibérica, pero fue en el siglo XVII cuando sucesivos rebrotes afectaron a toda Europa.

Uno de ellos comenzó en la ciudad de Valencia en 1647, y fue extendiéndose como una mancha de aceite en dirección sur.
Las primeras noticias sobre la dicha epidemia en Sax las encontramos en el cabildo de 15 de marzo de 1648, cuando “… dijeron que por cuanto se ha tenido noticia que en la villa de Salinas, una legua de distancia desta villa, ay mal contagioso y que no queda gente, unos de muertos y otros que se han ido, y ansimismo se tiene noticia que en los lugares de la huerta de Orihuela hay dicho mal, por tanto acudiendo al remedio y atajar que nadie destos lugares entren en esta villa, acordaron que se tapien todos los portillos y calles y postigos y queden dos puertas, la una hacia Murcia y la otra hacia Villena, y que en cada una ayya dos guardas de continuo…

En Sax pronto se pusieron manos a la obra con presteza, pues tenían reciente en su memoria lo ocurrido dieciocho años atrás, cuando el Mediterráneo español temió que llegara a sus costas la conocida como “plaga italiana” o peste italiana de 1629 a 1631, con gran incidencia en el norte y centro de Italia. Por eso, en el cabildo de 19 de octubre de 1630 se trató de lo necesario para cercar la villa en defensa del posible contagio que se teme de “los polvos y ynguentos apestados que los enemigos de la nuestra fe y destos reinos han hecho en los estados de Milán, y se tiene noticia que an entrado en España, y se recela y es justo se tema el daño que desto se puede seguir”, y acordaron cerrar y cercar las entradas de la villa y subir las paredes de aquellos huertos que afrontan con el río y estableciendo un turno de rondas nocturnas entre los alcaldes y regidores.
Y es que la Villa de Sax había construido una cerca que cerraba todo el pueblo, con dos puertas, una en el Picayo y la otra en el camino de Murcia, a raíz de la epidemia de peste de 1557.
En ese mismo cabildo de 15 de marzo de 1648 acordaron poner en cuarentena a dos personas, una que había estado en Salinas: “Y respeto se tiene noticia que Francisco Estevan de Chico ha estado en Salinas a curar a Juan Ruiz, mandaron que salga fuera desta villa y le señalan por puesto la partida de la Fuente del Chorrillo”. Otra persona había tenido relación con un vecino de Elda, llegado de Valencia, a la que enviaron a la “la heredad del Albellod, y que estén por espacio de quarenta días…”.

En el cabildo de 19 de abril de 1648, las autoridades toman el acuerdo de remediar las necesidades de los vecinos: “y respecto de que en algunos lugares ay fama corre el mal de peste y por evitar ynconbinientes y que no sea que se vayan a buscar a estos lugares y traer el dicho mal por vía de buen gobierno y que se acuda al remedio de todos los vecinos, acordaron de que se busquen en el lugar çien fanegas de todo pan…”.
No podemos conocer el número de muertos que hubo en Sax con motivo de la peste de 1648, pues los libros de entierros de la Parroquia de Sax comienzan en 1701.
El cabildo de 15 de julio de 1648 habla claramente “la corta vecindad que tiene y no tener más de ochenta y quatro beçinos y poca gente que ay en ella porque de un año a esta parte de enfermedades que abido se an muerto muchos beçinos”.
Las consecuencias de esta terrible enfermedad las describe con toda crudeza el médico de Cartagena, don Andrés de Chaves, en un informe de 7 de abril de 1648, sobre su visita a la ciudad de Murcia: “…bubones en las ingles y tumores en los brazos, parótidas en las orejas, secas en las glándulas del cuello, carbunclos en muchas partes del cuerpo, con otros incidentes perniciosos de que han muerto muchos con brevedad”.
Es preciso destacar la necesidad que tuvo el Concejo de Sax de cambiar la cerradura de la puerta de Murcia, por un importe de treinta y un reales y medio, que pagó a “Alonso Vernar, çeragero, vecino de Elda, por una çerradura que yzo para la puerta desde villa que llaman la de Murzia, para que esta villa estubiera çerrada como convenía por la guarda del mal contaxioso”.

Pero aquella epidemia no fue la última de mediados del siglo XVII, pues en 1651 llegó un aviso de la presencia de la peste en Andalucia, pues se le pagaron doce reales a un correo que trajo un mandamiento “en rraçon de que se guarden de los lugares apestados del Andalucía”. Y todavía en 1654 llegó otra comunicación de peste en el Reino de Aragón, con “una orden en razón se guarde del contaxio de peste que avia en el Reino de Aragón”.
En la documentación del Archivo Municipal de Sax también encontramos testimonios de la solidaridad de los sajeños de aquellos tiempos, pues de 27 de abril de 1648 es el apunte en el que Tomás Bernabé, mayordomo de los propios de la Villa, ordena pagar “veinte reales a Bartolomé Rico, panadero… por razón del pan que tiene dado con su orden de este Concejo para los pobres viandantes que han llegado a los muros desta Villa y no se les dejó entrar por venir de partes donde corrre el mal de peste… y pagar la limosna de las nueve misas que se han dicho por la peste”.



