Los días 28 y 29 de septiembre se celebraba en Caudete las 9ª Jornadas de Teatro de Frontera, que pretendía , tomando como punto de partida las obras caudetanas, disertar y debatir en torno a los rasgos específicos de este tipo de teatro, con el objetivo de contribuir a un mejor conocimiento del teatro barroco festivo y religioso, en general, y de nuestra propia tradición dramática, distinguida por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha con su reconocimiento como Bien de Interés Cultural, el primero de carácter intangible en la región.
En la jornada del viernes 28 de septiembre y sirviendo de inauguración el Cronista Oficial de la Villa de Sax, Vicente Vázquez Hernández, ofreció la conferencia “Luces y sombras en la vida y muerte de Artal de Alagón en Sax” que ayudó a profundizar un poco más la figura de Don Artal de Alagón, personaje que aparece en los Episisodios Caudetanos. A continuación el grupo de teatro de Sax «José Luis Herrero» y dirigido por Joaquín Estevan Poveda deleito a los presentes con una excelente representación «El sino de la pedrada», de Salvador Doménech Llorens.
Aquel lejano suceso, la muerte de Artal de Alagón en Sax, 775 años después, todavía está vivo y presente entre los sajeños, que recuerdan y rememoran su historia; y, sin embargo, ¿cuántos caballeros muertos luchando contra los moros yacen olvidados en el silencio de los siglos, sepultados por el peso de la historia? Pero para los sajeños de todas estas centurias, la muerte de Artal de Alagón no cayó en el olvido, pues es necesario señalar y remarcar una vez más que el texto de Jaime I en su “Libro de los Hechos”, situó a Sax en la Historia, pues es la primera referencia documental sobre nuestra villa, al narrar la muerte en Sax, en la primavera de 1239, del caballero Artal de Alagón:
«Después de tomar Valencia, vino Don Ramón Folc de Cardona, al que acompañaban unos cincuenta caballeros, entre parientes y amigos, y me rogaron les permitiese realizar una cabalgada por tierras de Murcia, ya que no habían participado en el asedio de Valencia. Me pareció bien. Les acompañó Artal de Alagón, hijo de Don Blasco, que conocía el terreno, pues lo había visitado anteriormente. El primer sitio donde decidieron pelear fue Villena y, al llegar cerca del pueblo, preparados los caballos, así como toda la compañía con las armas que disponían, arremetieron al galope contra los moros de Villena, y les ocuparon las dos terceras partes de la población. Después, no hallándose seguros para mantenerse allí, dadas las fuerzas de los islámicos que había en la villa, tuvieron que salir, pero se llevaron mucha ropa encontrada en las casas.
A continuación siguieron a Sax, donde penetraron a base de un ataque de caballería, tomando gran parte de la población, mas un moro lanzó desde un tejado tan gran piedra que vino a dar sobre el casco metálico que cubría la cabeza de Artal de Alagón; lo hizo caer del caballo y murió de aquel golpe. Por este motivo, recogieron el cadáver y salieron fuera de la localidad, abandonando la empresa.
A pesar de que proyectaban seguir hacia más lejos, resolvieron regresar por el fallecimiento de Artal de Alagón. De modo que al cabo de ocho días volvieron ante mí. La cabalgada no resultó provechosa, exceptuando que consiguieron carnes varias con el fin de alimentar a toda la hueste. Después de esto, Ramón Folc se volvió».
Uno de los historiadores que más ha profundizado en la familia Alagón ha sido el profesor García Edo, que aunque centrado en la huella que ha dejado en la historia su padre, Blasco de Alagón, también ha documentado la vida del hijo, Artal de Alagón, señalando que debió nacer en torno a 1210, y en 1214 ya figura citado en un documento junto con su padre.
El conocimiento que Artal de Alagón tenía de los reinos moros de Valencia y Murcia lo debió adquirir al acompañar a su padre durante el destierro, entre 1229 y 1231.
En enero de 1234 Artal de Alagón se casa con Dª Eva, hija de Jimén de Urrea; y en la carta nupcial Blasco de Alagón hace donación a su hijo de los castillos y villas de Calanda, Sástago y Torre de Galindo.
Al decidir Jaime I la conquista de la ciudad de Valencia, volvemos a encontrar a Artal de Alagón junto al rey a partir del 27 de abril de 1238, hasta que aparece por última vez (antes de su muerte) el 18 de octubre de 1238, en Valencia, ganada ya ciudad, firmando como testigo de una donación. El rey recompensaría la ayuda prestada por Artal de Alagón concediéndole el día 5 de junio de 1238 algunas casas y tierras en la capital.
Tomada Valencia, el 9 de octubre de 1238, la frontera del recién conquistado reino se situaba en el Júcar y la política de rendiciones iba aumentando en la zona norte del citado río. Desde principios del año 1239 hasta mediados de 1240, Jaime I va a realizar una serie de operaciones militares al sur del río Júcar encaminadas a consolidar su poder en determinados puntos de esa zona.
En este contexto histórico de inestabilidad fronteriza y conquista de las taifas moras, según la mayoría de los historiadores, tuvo lugar la cabalgada del Vizconde de Cardona, entre abril y mayo de 1239, estación propicia para llevar a cabo este tipo de actuaciones, y en ella participaron unos cincuenta caballeros. De cualquier forma, esta primera incursión estaba lejos de tener como objetivo la toma permanente de estas dos poblaciones y lo único que pretendían era conseguir botín.
Este hecho histórico, trascendente para nuestro pueblo, por ser la primera vez que guerreros cristianos lucharon por conquistarlo a los moros que aquí vivían, es relatado y comentado por otros escritores y cronistas de la Corona de Aragón, como Zurita, Diago, Boix, Bofarull, Llorente, impresionados por la trágica muerte de Artal de Alagón y el gesto humanitario del Vizconde de Cardona al no abandonar el cadáver sin vida de su amigo en el lugar donde había caído herido de muerte.
Durante los siglos XIX y XX, no sólo los historiadores de la Corona de Aragón o del Reino de Valencia narran la muerte de Artal de Alagón en Sax, sino que enciclopedias y diccionarios geográficos, al escribir sobre Sax señalan como principal hito histórico lo acontecido en 1239.
Hasta ahora hemos visto las repercusiones historiográficas de la muerte de Artal de Alagón, pero, ¿qué ocurría en Sax? ¿Se tenía conocimiento de estos hechos? Y la respuesta es un rotundo sí. Ya en el siglo XVI, las Relaciones Topográficas de 1575 lo dejan bien claro, al responder Juan Valera de la Carra y el Doctor Benito lo siguiente a la segunda pregunta:
“Aclararon que se tiene por opinión questa villa es muy antigua población y tal fama ay, y que no se sabe ni an oydo decir quien fue su fundador, más que de las crónicas que ay del Rey don Jayme se entiende que la conquistó y ganó a los moros, porque el dicho Rey don Jayme ynbió desde Valençia sus gentes para la conquistar, y en esta villa dieron un asalto en el que le mataron mucha gente, y especialmente a don Artal de Alagón, su capitán, y se bolvieron sin la ganar. Y después el dicho Rey don Jayme bolbió en persona y la conquistó y ganó”.
Ya en el siglo XX, recordaremos las obras de historiadores como Bernardo Herrero, que en su Historia de Sax, escrita en 1905 y publicada en 1964 (el año anterior al comienzo de la hermandad con Alagón), donde hay un extenso estudio del tema, con planos de la villa, señalando el lugar donde pudo ocurrir aquella tragedia, en estrechas callejuelas muy cerca de esta plaza.
Y Francisco Juan y Marco, en su Historia de Sax, al escribir sobre Artal de Alagón, demostró conocer la crónica del Padre Mariana y la de Zurita. Sin olvidar a Joaquín Barceló Verdú y a Francisco Ochoa Barceló, que también profundizaron en esta época medieval.
Y entre los estudiosos contemporáneos no podemos dejar de citar a Pilar Pérez Viñuales y José Luis Ochoa, de Alagón; entre otros muchos investigadores de Sax y comarca.
Y no olvidemos la visita que el 29 de mayo de 2010 realizó a Sax y a la Comparsa de Alagoneses el XVIII Conde de Sástago, Don Alfonso Escrivá de Romaní y Mora, acompañado por su esposa, heredero del título nobiliario sobre el señorío de Sástago, donado por Jaime I a Blasco de Alagón, y convertido posteriormente en condado.
Pero en Sax podemos sentirnos afortunados, pues la muerte de Artal de Alagón no se circunscribe únicamente a los estudios de historia y genealogía, sino que ha dejado huellas patentes en distintos ámbitos artísticos.
Así, en el mundo de la literatura, y sin querer ser exhaustivos, podemos citar a Juan N. Chico Amat, “el Mari”, y su romance histórico “Muerte de Don Artal de Alagón”, publicado en 1951; a la “Última jornada de D. Artal”, obra de Isabel Barceló Chico, en 1983; el “Poema de Don Artal de Alagón”, escrito por Aurelio Arnedo Fernández en 1990. También de este último año es “El sino de la pedrada”, de Salvador Domenech Llorens. Y en 2012, Pedro Martínez Ganga, escribió “El sino de la Pedrá”, ampliando el relato de Salvador Domenech.
Y en música, ¿cómo olvidar a la composición “Artal de Alagón”, poema sinfónico que compuso en 1968 el Maestro Miguel Villar sobre el romance de su amigo Juan N. Chico Amat. Y en pintura, ¿qué mejor muestra artística que el mural que preside el salón de la Comparsa de Alagoneses, obra del artista y festero alagonés José Martínez Antolín. Y, sin embargo, creo sinceramente que la principal influencia en la villa de Sax de la muerte de Artal de Alagón no es histórica, literaria, musical o pictórica, sino social, cultural y festiva, por ser el germen de la Hermandad entre dos pueblos hace casi cincuenta años y de la creación de la Comparsa de Alagoneses cinco años después, en 1970; mientras que el Vizconde de Cardona, D. Ramón Folch, fue estímulo e inspiración para la fundación, hace ya veinticinco años, de la Comparsa Caballeros de Cardona.
Todo ello en una sociedad que disfruta con la fiesta y la historia, orgullosa de sus orígenes, sintiéndose partícipe de un tronco común, que hunde sus raíces en la semilla que dejó hace 775 años la sangre derramada por Artal de Alagón en Sax.
Y las escasas noticias sobre este acontecimiento, que nos llegan a través de los siglos envueltas en la bruma de la leyenda, escritas en viejos pergaminos, contrastan con la fuerza de la historia que hoy vivimos y rememoramos en esta plaza, en esta Muy Noble y Muy Leal Villa de Sax, hermanada por la historia y por los sentimientos con Alagón, pues como decíamos al principio, el eco de la pedrada que mató al caballero Don Artal sigue presente en el corazón de todos los sajeños amantes de sus raíces y tradiciones.


