Cada día, más personas son conscientes de la gran importancia que tiene llevar un estilo de vida saludable (ejercicio físico regular, alimentación predominantemente vegetal y de origen biológico, consumo moderado de alcohol y abstinencia al tabaco y a otras drogas, autocontrol del estado emocional y un largo etcétera). Pero pocas conocen la importante relación entre la salud y el hábitat en el que viven.

Adquieren una especial relevancia los espacios interiores, y es que, en pocas generaciones, hemos pasado de vivir en y del campo, a pasar un 90% del tiempo de nuestra vida, en espacios interiores, (hogar, trabajo, ocio, etc.). Siendo nuestro hogar el espacio en el que más tiempo permanecemos, con un promedio del 50%. Y es que sólo en nuestra cama, ya pasamos un tercio de nuestra vida. Por ello, los dormitorios, son las estancias más profundamente analizadas en un estudio Geoambiental. De hecho, es considerado nuestro “taller nocturno de reparación celular”.

En numerosas ocasiones, personas afectadas por muy diversas patologías, ya desahuciadas por nuestro sistema sanitario, han podido experimentar una notable mejora en su estado, tanto físico, como mental, simplemente cambiando la ubicación de sus camas, o reduciendo la incidencia de campos electromagnéticos en el interior de sus hogares.

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