Hubo un tiempo, hace cuarenta o cincuenta años, en que la umbría de la loma del castillo era un paraje abandonado y silvestre, un terreno baldío y carente de interés para el conjunto de la población sajeña, incluidas las almenas y las dos torres, y por donde los más jóvenes habitantes del pueblo, los niños de entonces, deambulábamos sin objetivo concreto, ascendíamos por las resbaladizas sendas pedregosas, brincábamos por encima de las peñas. Luego, o al mismo tiempo tal vez, vino la repoblación forestal de la ladera, y, poco a poco, este espacio tan próximo al núcleo urbano experimentó la expansión urbanística fruto del desarrollismo económico, que hoy es general por todo nuestro término municipal, y se arreglaron las dos torres y se construyó por allí una especie de oficina o de bar que, inmediatamente fue abandonado, y se instaló, en el Pocico las Nieves, un museo festero, que también se abandonó con rapidez pues la umbría de la peña es un espacio hostil, muy húmedo y muy frío; y luego se levantaron además barandillas de madera para bordear los senderos naturales, y por último, se construyó también una cascada artificial que viene a caer sobre una poza también artificial, y se cargó, a esta parte de la umbría de la loma, con bancos de madera para que los paisanos podamos tomar la sombra que proporcionan los pinos ya crecidos.

Y no contentos con todo este despliegue de infraestructuras y de mobiliario urbano sobre un espacio rural tan reducido, lo último es que hoy hemos inaugurado la restauración del Pocico las Nieves y de la escalinata que sirve para acceder hasta la bóveda de este pozo.

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