Oración primer día.

Altísimo y misericordioso Dios, que estimaste en tanto la humildad, que quisiste que tu Hijo Jesucristo viniese al mundo desconocido, y viviese despreciado de su mismo pueblo: yo te ofrezco los méritos de tu humildad y desprecio, y los de tu invicto mártir San Blas, que retirándose a lo oculto, vivió apartado de los ojos del mundo, conocido solo de las fieras; y te suplico me apartes de todos los peligros que en el mundo me amenazan, y de las delicias aparentes que me ofrecen para que te sirva con mayor perfección, anhelando solo las delicias de la gloria y me concedas lo que te pido en esta Novena para gloria y honra tuya. Amén.

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