Oración octavo día. 

Misericordiosísimo Dios y Señor mío, que en el nombre de Jesús, tu Hijo, nos dejaste universal medicina para todas nuestras dolencias, ofreciendo a sus Apóstoles que con la invocación de este dulcísimo Nombre, curaría todas las enfermedades: yo te ofrezco los méritos de tu esforzado mártir San Blas, a quien concediste estando próximo a la muerte la petición que te hizo de favorecer a todos los que en sus enfermedades y ahogos invocan tu nombre: y te suplico me concedas que traiga siempre mis labios endulzados con la invocación de estos nombres, para que menospreciando los acibarar y amarguras del mundo, consiga la sanidad del alma y cuerpo, y lo que te pido en esta Novena para gloria y honra tuya. Amén.

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