La afición a los toros en Sax, como en toda España, tiene un origen muy antiguo, pero que podemos documentar en los siglos bajomedievales, cuando era el espectáculo español por excelencia, con dos grandes vertientes: el toreo de los nobles, a caballo; y el popular, el del toro “enmaromado”, o sea, sujeto por una cuerda o maroma que permite a unos hombres detener su embestida cuando sus acometidas ponían en peligro a los lugareños que se acercaban demasiado a él. 

La fiesta de los toros también tenía sus detractores, como Isabel la Católica, que le describe a fray Hernando de Talavera, su confesor, su repulsa… y su impotencia ante un espectáculo tan popular. 

En una Junta del Marquesado de Villena, celebrada en Corral Rubio el 1 de enero de 1525, entre otros asuntos, acordaron y pidieron “no ser penados ni agraviados por las fiestas comidas y toros que hacen puesto que los gastos los pagan personas de lo propio suyo”. 

Esta petición le fue ratificada a Sax por el Emperador Carlos I, mediante una provisión real, fechada en Toledo el 12 de octubre de 1525: “al conçejo e vezinos de la dicha billa de Saxa, si ansi es que las dichas cofradías no tienen propios e Rentas e que los toros que corren e las comydas e colaçiones e las missas e caridades e proçesiones e limosnas que dan no se pagan de los propios e Rentas de la dicha villa e que los gastos que en ello se hazen se pagan de los propios bienes e hazienda de los dichos cofrades no pidays ni demandays al conçejo de la dicha villa ny a los cofrades ni personas que hazen las dichas devociones maravedís ny cosa alguna por Razón de lo susodicho…”. 

En el siglo XVI, la Iglesia promulgó varias bulas prohibiendo los juegos de toros. En 1567, el Papa Pío V decretó en la bula “De Salutis Gregis Dominici” la prohibición a los católicos de presenciar y correr toros o fieras en público a perpetuidad. 

Esta bula tuvo consecuencias en el Marquesado de Villena, pues en 1568 se recibió en Sax, por medio de Juan Xuarez, alguacil mayor del Marquesado, un mandamiento del Gobernador, “para que no se corriesen toros de aquí adelante”. 

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