Este proyecto, a cargo de Vicente Vázquez Hernández, cronista oficial de la Villa de Sax, aunaba diferentes propuestas turístico-literarias y da continuidad a otras acciones para la revalorización de ese inmenso patrimonio cultural de Sax.

Fue una nueva opción para descubrir o revisitar el interior de la Villa de Sax, disfrutar de sus espacios urbanos o adentrarse en su inmenso patrimonio histórico. Porque, Sax, es ese lugar donde todo encaja para ofrecerte una experiencia excepcional.

Con esa inspiración, “Rutas literarias por Sax” el pasado sábado 22 de abril ofrecía propuestas para seguir la huella en nuestra localidad de insignes autores. La pluma de Emilio Castelar y Ripoll, Vicente Blasco Ibáñez, José Martínez Ruiz “Azorín” o Bernardo Herrero Ochoa, nos guiará ahora de la mano, de Vicente Vázquez, en un recorrido extraordinario y evocador por Sax.

Cuatro lugares fueron los elegidos para llevar a cabo estas segundas Rutas Literarias de Sax La plaza Cervantes, el rincón de Castelar, la Fuente del Cura y el paraje de El Molino.

 

En estas rutas literarias pudimos escuchar a través de Vicente Vázquez Hernández, cronista oficial de la Villa de Sax detalles en cuatro lugares con historia, comenzando en la Plaza Cervantes donde se nos narraba entre otros los textos de las primeras veces de Emilio Castelar en Sax:

Castelar vio por primera vez en Sax las fiestas de moros y cristianos, de las que era gran entusiasta, el 1838, en la que este pueblo dedica a su patrono, San Blas, en los primeros días del mes de Febrero, y cuando contaba poco más de cinco años. En ese mismo año de 1838 figuraba como uno de los primeros números del programa de las fiestas, la inauguración de las fuentes públicas; tenía el pueblo extramuros sus aguas potables, y venciendo mil dificultades, y tras cuantiosos dispendios, había logrado llevarlas al interior de la población. Comenzaron, pues, a correr las fuentes, en las primeras horas de la mañana del día 2 de Febrero, y tal alegría produjo entre los vecinos, que dos de ellos se zambulleron en el pilón de la que había en la plaza, dándose un gran baño de placer. Castelar, que presenció la escena, nos la repetía varias veces, citándonos hasta los nombres de los dos intrépidos sajeños, que pudieron pagar sus entusiasmos acuáticos con una pulmonía”.

En segundo lugar, las rutas se desplazaban a la antigua casa de Secundino Senabre, donde ahora se encuentra el Rincón de Castelar, y donde se daba vida en una entrevista del año 1970, publicada en la revista “Idealidad”, donde se nos proporciona más información sobre la afición de Castelar por las Fiestas de Moros y Cristianos de Sax, pues también durante sus estancias veraniegas en la casa de su amigo Secundino Senabre, se deleitaba con la música, los desfiles y las Embajadas, como cuentan las hermanas Ana y Concha Herrero Senabre:

Aún recuerdo cómo me gustaban las serenatas que daban a don Emilio, bajo estos balcones, porque aquí –nos señala una puerta que da al salón- estaba su dormitorio.

Aclaremos que, por aquellos tiempos, y siendo Sax un pueblo con un gran ambiente musical, existían dos bandas de música: una era llamada de los Marcos; otra, de los Senabre. Las dos familias más representativas del pueblo y su comarca… Y, según el partido que estaba en el poder, así actuaba una u otra en los actos oficiales, o bien con motivo de las famosas fiestas de Moros y Cristianos, aún vigentes. Naturalmente, las visitas de Castelar eran amenizadas por la de los Senabre”.

El tercer rincón que se visitaba era la Fuente del Cura, donde los asistentes a esta maravillosa ruta pudieron escuchar algunos artículos publicados por Blasco Ibáñez sobre Castelar, en el diario “El Pueblo”, de fecha 13 de junio de 1898, en su primera página:

Todas las mañanas, apenas los primeros rayos del sol doran las ruinas de un castillejo moruno que coronan la alta montaña, aguda y aislada como una aguja gótica, a cuya sombra extiende Sax su blanco caserío, se abre un balcón que avanza su balaustrada sobre pintoresco jardín” Blasco Ibáñez identificaba a Sax con la Umbría italiana y con África, Bernardo Herrero Ochoa (1914:79-87), al hablar de Castelar en su libro sobre la infancia y su último año de vida, lo relaciona con la Grecia clásica, pues en una excursión a Petrel con un grupo de amigos, en determinado momento, Castelar vuelve a comparar el Valle de Elda con Grecia, como explica Bernardo Herrero:“Presa del mayor entusiasmo, exclamó don Emilio en aquel momento con alborozo infantil: “Mirad, mirad! ¡Qué bonito! ¡Que hermoso paisaje! De cuanto en mi vida he visto, comparo esta tierra a Grecia, con la que le encuentro muy gran semejanza (1). Yo debo cuanto soy a haberme criado en ella, pues aquí vine a identificarme desde niño con el sentimiento de la Naturaleza”.

Y el cuarto y último rincón de estas rutas literarias nos mostraba referencias sobre el Molino de Vapor o el Molino de Senabre, en el pasaje de Castelar. Su infancia y su último año de vida, de Bernardo Herrero Ochoa, Madrid, Librería de Fernando Fe, 1914, 233 pp. Página 185-186.

Las tardes las dedicaba al descanso; no le dejaba trabajar Secundino, diciéndole que “con medio jornal que ganara tenía bastante”. Recibía en ella a los numerosos amigos que en caravanas venían a saludarle, principalmente de las provincias de Alicante y Valencia y de la región murciana. Unas tardes marchábamos en carruaje al campo, y otras las pasábamos en la hermosa finca del molino, sita a unos cien metros de la casa, donde se alza sobrio y sencillo el edificio, rodeado de huertos y alamedas, cuyos linderos lamen las límpidas aguas del Vinalopó.

También en 1958, en el Diario de Barcelona, Gines Alberola publicaba un emotivo artículo: «Parajes castelarinos de Sax», (que repite en 1965 en La Marina.   Semanario de la Costa Blanca) que rememora la última visita de Castelar a Sax y los recuerdos que de ella se conservan:”… Cada paso es una evocación. La alcoba donde Castelar dormía, la habitación que le sirvió de despacho, la galería encristalada desde la que contemplaba la fértil campiña, el viejo molino de los Senabre con el banco de piedra en el que dedicaba largas horas a la lectura, sendas holladas por su planta en sus paseos vespertinos. Sax está lleno de la memoria del gran español, el eco de cuyo verbo grandilocuente aún parece percibirse en las ráfagas del viento”.

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