¿Os imagináis unos dibujos animados donde la madre de la protagonista apareciese como alguien más bien torpe, simplón, vago y despistado, a la que su hija le llamase tonta y le dijese que tiene la barriga muy gorda? 

 

Yo no. Saltarían de inmediato todas las alarmas:  veo declaraciones de políticos, boicot en los medios de comunicación, declaraciones del defensor del espectador, intervenciones del gobierno, acusaciones de la oposición y masas enfervorizadas e indignadas exigiendo la inmediata retirada de semejante producto televisivo (y de paso, la cabeza de los responsables en una pica). ¡¿Qué ejemplo están dando a los niños?! ¿Qué nefasta imagen están dando de la mujer? ¡Sexistas! ¡¡Machistas!! ¡¡¡A la hoguera!!!
Pues hete aquí que tales dibujos existen, que son famosísimos, que los echan en la televisión pública, que los emiten en tropecientos países y que han recibido un porrón de premios internacionales. Pero un momento… ah, no, no pasa nada, el gordo vago y tontorrón es el padre. Aquí no ha pasado nada, vuelvan a sus vidas, ciudadanos.
Sí, amigos, hablo de la inefable cerdita Peppa Pig. Y sus compañeros hadas y duendes, deEl Pequeño Reino de Ben y Holly, de los mismos creadores que la pequeña gorrina, siguen este camino. A Papá Pig, Peppa le suelta un «pero qué tonto eres» en casi todos los capítulos (y nunca nadie se lo reprocha, por cierto), cuando no aparece como un inepto que no sabe interpretar los mapas y se pierde al conducir, o tirado en el sofá viendo la tele porque le encanta no hacer nada. Y el Rey Cardo, papá de Holly, es un vago que necesita que la sirvienta le haga los hechizos más absurdos como preparar té y tocar música, cuando no aparece como el único que se ríe de un chiste para peces que tienen el cerebro muy pequeño.
A mis hijos les encantan estas dos series de dibujos animados, están muy bien hechas y todo lo demás, pero para mi gusto esto desentona un poco (o un demasiado). Para colmo, leo en la wikipedia que la serie de Peppa Pig desató cierta controversia porque los personajes iban en el coche sin cinturones de seguridad, y en bici sin casco, por lo que hubo airadas protestas y cambiaron algunas escenas. A mí que me perdonen, pero creo que más estúpidos no se puede ser. Seguimos a vueltas con la ultracorrección política de siempre: ¡el casco! ¡el cinturón! ¡que nadie salga fumando! ¡que nadie salga bebiendo! ¡a promocionar alimentos saludables! Pero faltar al respeto a uno de los progenitores… qué más da, mientras no sea a la madre!!!
En fin, no voy a prohibir a mis hijos ver estas series, también ven Chicken Town, Fanboy y Chum Chum, y Los Pingüinos de Madagascar; si pretendiera que sólo vieran cosas edificantes más me valdría tirar la tele por la ventana. Pero quería comentar esto que me llevaba rondando en la cabeza un tiempo, porque tanta estupidez pseudofeministoide, política y socialmente aceptada, me resulta cansina. Y porque alguien tiene que ponerse del lado de Papá Pig y el Rey Cardo. ¡Ánimo, chicos!
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