Hace unos días me pasaron una reflexión que circula por las redes sobre la diferencia entre lo útil y lo valioso y que me gustaría compartir aquí.

Y es que, al reenviado a mis contactos, las diferentes respuestas sobre la misma fueron diversas. La cuestión está en que todos podríamos estar de acuerdo con esta reflexión que nos ayuda a distinguir qué es valioso y qué es útil en nuestras vidas, para poder apreciar mejor lo que tenemos, aunque algunas opiniones merecen tenerse en cuenta para así ampliar nuestra forma de pensar.

La reflexión dice así.

Quizás una de las cosas que más necesitamos es aprender a distinguir lo útil de lo valioso. Un sacacorchos es útil. Un abrazo es valioso. Una puerta es útil. Ver un atardecer es valioso. Un mechero es útil. Una amistad es algo valioso.

Casi siempre, lo útil es más caro que lo valioso. De hecho, lo valioso rara vez cuesta dinero. Y esto ocurre porque el dinero es útil, pero no es valioso. Lo valioso genera mucha más felicidad a largo plazo que lo útil. Y, sin embargo, a menudo, valoramos más lo útil que lo valioso.

Los mejores momentos de la vida no cuestan dinero. Ver nacer a un hijo, el primer beso, sentir que vuelas de la mano de alguien… Los momentos que se nos pasan por el cabeza justo antes de abandonar este mundo no costaron dinero. Esos momentos son lo más valioso que tenemos.

Cuando te asalte una preocupación, párate a pensar si lo que buscas es útil o valioso. Aprende a distinguir, y te darás cuenta de que vivir bien no es tan caro como te habían contado.”

Para algunos pueda parecer una reflexión tonta directamente, ¿el dinero es útil pero el amor es valioso? Probablemente, toda la vida perseguiremos utilidades, pero, llegado el momento final de nuestras vidas, lo último que alcancemos a recordar sea lo más valioso que hayamos vivido.

Y quien sabe si será tarde. Por eso no perdamos mucho el tiempo en darle vueltas a las cosas, ni justifiquemos nada, entre otras cosas, porque no tenemos nada que justificar, pues cada cual persigue los objetivos que quiere y no debe de dar explicaciones a nadie de nada, ni tampoco que sea obligado por las fiestas que nos marca el calendario, tratemos de hacer cosas valiosas, de esas que quedan en nuestra retina para siempre. No nos costará dinero, ni tan sólo esfuerzo, sólo actitud y voluntad, aunque luego se nos acabe quedando la cara con una ‘tontísima’ sonrisa de satisfacción. De vez en cuando es buena cosa dejarla aflorar.

¿Y tú qué opinas?

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