La cabaña o barraca, que es una pequeña construcción que fue típica de nuestro término –hecha a partir de materiales propios del lugar y que suele estar ubicada en medio del campo–, ya no es la mayoritaria pues, en las últimas décadas, ha ido a menos de una manera tan veloz, que ya solo quedan en pie unos cuantos ejemplares. Y, además, todas las barracas que quedan están abandonadas y bastante deterioradas como se puede ver en las fotos que lleva adjuntas el presente artículo.  

Algunas de nuestras barracas típicas –tres o cuatro en todo el término rural de Sax–, conservan el tejado y pueden, por tanto, servirnos de cobijo en el caso de que vayamos andando por el campo y nos sorprenda la tormenta veraniega. Pero la mayor parte de los ejemplares supervivientes ya ha perdido la parte de arriba, que suele ser de teja, e incluso alguna de sus cuatro paredes ha caído derribada y yace sobre el terreno rústico, y las piedras de que estaba compuesta la pared apenas sobresalen por encima de la hierba abundante y de las matas y arbustos que suelen rodear estas modestas construcciones. La vegetación silvestre se impone también en su interior e incluso ya sobresale por encima de los muros semiderribados que componen el cuadrilátero del edificio.  

Y, es más, en los casos críticos, contemplamos una construcción humana tan venida a menos (ver foto 2), que ya se puede considerar un elemento más de la naturaleza característica de esta zona mediterránea, a la altura de las matas de esparto o de las aliagas, de los romeros, de los salaos, de los gamones; más que nada como otra florecilla silvestre de nuestros campos. 

 

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