Con José Moya Payá conversamos, es el alma y el latir de un joven que, como Santa Teresa de Ávila, reza cada día, Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?.

Su vocación: “Yo nunca me había llevado a plantearme la vocación al sacerdocio, aunque en mi familia tenía un primo que era seminarista y que hoy es sacerdote. Un día que fui a visitarle, recuerdo que era una Vigilia de la Inmaculada y me llamó la atención la alegría con la que vivían los seminaristas. Me resultó raro que aquellos chavales, que vivían en un internado y seguían al Señor, pudieran sentirse tan felices. Eso me llamó la atención y me motivó a conocer la vida en el seminario”.

La vida de cada día: “La vida del seminario es muy normal, como la de cualquier joven universitario: clases por la mañana, estudio por las tardes,… Como propio tenemos vidas en común, rezamos juntos por la mañana y por la tarde, comemos juntos y compartimos nuestras experiencias pastorales en las parroquias y nuestras inquietudes. Los fines de semana vamos a las parroquias donde tenemos nuestras tareas pastorales. Yo, en concreto, voy a la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles donde ayudo en grupo de post-comunión los sábados por la mañana y, junto con el párroco, damos un Taller de guitarra para los niños de la catequesis. La pastoral en esta etapa del seminario te hace pre-gustar lo que después vas a vivir como sacerdote en las parroquias”.

La guitarra y la música: “Aprendí a tocar la guitarra en el seminario, me enseñaron algunos compañeros para animar la Liturgia. Después comencé con el piano y el órgano, actualmente estoy estudiando en el conservatorio. La música me ayuda porque es un medio muy importante para descubrir a Dios en la belleza de la música y además te ayuda pastoralmente para conectar con los niños y a ayudarles a que conozcan a Jesús y para que estén  mas atentos y vivan el misterio que celebramos”.

De joven a joven “A los jóvenes de hoy se les propone muchas cosas que están lejos del cristianismo. El reto más importante que tenemos hoy es proponer a los jóvenes que hay camino de seguimiento del Señor que merece la pena. En los jóvenes hay un deseo de Dios, pero a veces, por desconocimiento, falta de nuestro testimonio o evangelización, los jóvenes están en las parroquias pero no llegan a ilusionarse por seguir al Señor  con todas sus fuerzas. Nuestra tarea es animarles porque, seguir a Jesús no es algo pasado de moda, al contrario, merece la pena. Los jóvenes son un campo donde se puede echar semilla y dar mucho fruto… no podemos conformarnos con poco. Si sembramos esa semilla en ellos seguro que nacen esos jóvenes comprometidos en nuestras parroquias”.

Noticias Diocesanas.

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